domingo, 25 de octubre de 2009

Mis tan merecidas vacaciones

Un día me desperté con ganas de irme lejos y desaparecer sin dar explicaciones a nadie. Llegué al trabajo y me empezaron a disparar tareas-marrones desde todos los frentes con lo cual a media mañana me dije a mi misma STOP y cubrí la ficha de aviso de vacaciones. Soy la única en la empresa que no ha tenido vacaciones de verano así que, como nadie es imprescindible, decidí irme que ya era hora.
Y llegué a casa y después de varias horas decidiendo con el portátil a donde me iba, bajé a la agencia y saqué el billete para Londres (a la mierda la gripe A).
Y dos días después estaba hablando en inglés, alejada de todo y de todos, y con Platónico insistiendo una y otra vez con sus llamadas para que le cogiese el móvil.
Le envié un sms: Necesito unos días para resolver algunos asuntos. Estoy bien. Ya te llamaré.
Deduje por el sms que me envió a continuación, que no le había sentado demasiado bien. Me dio exactamente igual. Tenía una semana por delante para relajarme y hacer lo que me apeteciese.